La exposición ‘Miquel Villà. ‘La pintura sense atzar’ revaloriza un pintor moderno del siglo XX

La exposición ‘Miquel Villà. ‘La pintura sense atzar’ revaloriza un pintor moderno del siglo XX

El Museo Maricel acogerá la muestra del 29 de mayo al 26 de septiembre.

Sitges reivindica la obra y la figura de Miquel Villà (Barcelona, ​​1901 – El Masnou, 1988), un artista moderno del siglo XX, a través de una muestra instalada en el Museo Maricel del 29 de mayo al 26 de septiembre . La exposición ‘Miquel Villà. ‘La pintura sense atzar’ se ha presentado este jueves a los medios de comunicación para poner en valor una muestra que permite ver el pintor en el contexto del arte catalán y también una obra que es, sin duda, una de las más personales de la pintura catalana del siglo pasado. Su pintura estructurada y de masas compactas, la pincelada densa y el gusto por la materia la hacen especialmente estimada, tanto para aquellos que defienden el arte figurativo como el de la vanguardia.

Esta reivindicación, impulsada desde los Museos de Sitges, es necesaria, ya que la última ocasión que se pudo contemplar su obra en toda su amplitud fue en 1985, cuando el Departamento de Cultura de la Generalitat de Cataluña le dedicó una retrospectiva en el Palau Moja y, tan sólo tres museos catalanes -el Museo de Montserrat, el Museo Deu del Vendrell y el Museo Maricel de Sitges tenían obra del pintor expuesta en las salas permanentes. Con la reapertura del Museo Maricel, Sitges por primera vez también expuso un cuadro de Miquel Villà y ya vio la necesidad de realizar un homenaje al pintor para seguir la línea de investigar y dar a conocer los artistas representantes de su fondo.
A pesar de esta poca presencia de la obra del pintor en el ámbito público, su obra es muy apreciada por el coleccionismo de arte contemporáneo, y no solamente el de ámbito catalán. Aunque Villà nunca abandonó la figuración, su obra fue siempre defendida por la crítica.

El concejal de Cultura, Xavier Salmerón, destaca que «la muestra llega en un momento el que los Museos pueden ampliar aforos y por tanto acoger los visitantes que vengan en Sitges y que estén interesados ​​por la oferta cultural de la ciudad». El concejal de Cultura anima «a todos y todas las sitgetanas a seguir redescubriendo el Cau Ferrat y el Museo Maricel con las exposiciones temporales como la fantástica exposición de Miquel Villà».

El director gerente en funciones del Consorcio del Patrimonio de Sitges, Pere Izquierdo, destaca que «la Exposición ‘Miquel Villà. La pintura sin azar ‘abre la temporada de verano en los museos de Sitges, una temporada en la que estamos convencidos de que la gente quiere descubrir nuevas cosas, descubrir exposiciones, visitar museos, hacer las cosas que no ha podido hacer durante el tiempo de la pandemia y, por ello, ofreceremos este verano dos maravillosas exposiciones: esta de Miquel Villà con unos colores fascinantes y la de Hermen Anglada Camarasa, que conmemorará su centenario revisando los años que pasó en París «.

La muestra, comisariada por Ignasi Domènech y Susanna Portell, se enmarca en la política de exposiciones de los Museos de Sitges, basada en la investigación y la difusión en torno a los artistas y las colecciones conservadas en sus fondos.

El comisario, Ignasi Domènech, afirma que «La exposición de Miquel Villà al Maricel es una oportunidad de ver sin duda una obra extraordinaria de uno de los pintores catalanes más importantes del siglo XX».

Para la comisaria, Susanna Portell, insiste en que «la exposición que podemos ver es una auténtica oportunidad para descubrir un pintor que por primera vez después de tanto tiempo se puede visualizar dentro todo su contexto cronológico, su búsqueda tanto personal que lleva desde el inicio, esta búsqueda de construcción y de color, que bordea casi ya la abstracción de las últimas obras «.

‘Miquel Villà. ‘La pintura sense atzar’ es el resultado de la investigación de los comisarios para localizar el máximo de obras inéditas del pintor y apostar firmemente por la edición de un catálogo, donde se recoge la catalogación llevada a cabo. Para acompañar a los tres textos -a cuidado de Ignasi Domènech, Susanna Portell y Carlos Pongiluppi- han reproducido 40 de estas telas catalogadas, que se suman al total de 57 obras que se pueden ver en el Museo Maricel.

La exposición recorre los principales escenarios pintados por Villà y sigue su evolución desde las primeras telas de juventud pintadas en América del Sur hasta la práctica abstracción de la última obra que cierra el itinerario expositivo, pintada poco antes de morir . Provienen en su mayoría de colecciones particulares (24), del mismo Museo Maricel, de la Colección Nacional de Arte de la Generalidad de Cataluña, del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, del Museo Nacional de Arte de Cataluña , y los museos Deu el Vendrell, Valls y Montserrat. En el transcurso del proyecto expositivo, sin embargo, el Consorcio del Patrimonio de Sitges ha adquirido la obra Pinos del Masnou (1932) que enriquecerá el discurso expositivo del Museo Maricel, que ya contaba con Paisaje pintado por Villà en la Pobla de Segur en 1937.

Para complementar la muestra, también se exhibe un audiovisual, en el que, además de los comisarios se han reunido las voces que más han contribuido a dar a conocer la obra de Miquel Villà. Por un lado, el crítico e historiador del arte Daniel Giralt-Miracle, responsable de recoger el amplísimo eco que tuvo el pintor a lo largo de su trayectoria en un libro que fue y sigue siendo referencia para su estudio crítico : el Álbum Villà, editado por Acantilado en 1999. por otro lado, el poeta y crítico Juan Antonio Masoliver, gran amigo del pintor y una de las personas que mejor se han aproximado a su pintura, a su manera de ser y en su espacio más querido, el Masnou, que tanto conocía. Y finalmente, Carlos Pongiluppi, autor de la tesis doctoral dedicada a Miquel Villà, profundiza en los espacios vitales del pintor y su forma de trabajar.

Recorrido expositivo

La muestra Miquel Villà. ‘La pintura sense atzar’ inicia su recorrido expositivo con un retrato realizado por Olga Sacharoff, en unos momentos de gran reconocimiento artístico del pintor. En 1951 es premiado en la I Bienal Hispanoamericana de Arte de Madrid, preludio de los éxitos que le llegarán a lo largo de esta década y del apoyo que tendrá de Eugeni d’Ors. Junto a esta obra se exponen unos autorretratos pintados en los años veinte en París. Miquel Villà ha tomado la determinación de dedicarse plenamente a la pintura, después de unos años de formación en Bogotá, donde su familia reside por obligaciones laborales del padre como representante de una compañía de vinos. En 1917, con tan solo 16 años, participa en la Exposición Nacional Colombiana de 1917, organizada por la Academia de Bellas Artes, y en 1923 tiene su primera exposición individual en la Academia de la Lengua de Bogotá, con asistencia del presidente de la República.

1º ámbito: La construcción de un lenguaje despliega los primeros pasos de Miquel Villà en París. Vive en Gentilly y pinta el paseo que le es tan cotidiano. Vlaminck y Cézanne son los dos pintores donde se refleja en estos primeros años. Son años también de compartir aficiones y amistad con Duchamp o Fautrier. Empieza a dar importancia a la materia y utiliza una paleta de tonos tierra y oscuros que sorprenderán en la que será su primera exposición en Barcelona, ​​en las Galerías Dalmau, en 1927. El crítico Sebastià Gasch erige en su máximo avalador. Entra la treintena de obras exhibidas figura Desnudo femenino (1926), que se muestra ahora en Maricel. En 1929 vuelve a exponer. Lo hace en la Sala Parés, y entre las obras mejor valoradas por la crítica figura Paisaje de París (1928,), localizada en una colección particular. Los tonos azules, el negro, sobre todo, y la importancia otorgada a los cielos de estas telas sorprenden al público, pero más aún cuando topan con la abundancia de pasta de muchos de los elementos pintados. Miquel Villà está a punto de descubrir la ciudad de Ámsterdam y de quedar rendido por la paleta de Rembrandt. El dramatismo con que el pintor utiliza la materia, la luz y el color comportará un cambio de cromatismo en su obra. Los tonos dorados y calientes entran en escena. El lenguaje cada vez más personal lo llevan a priorizar los volúmenes y las texturas frente a los efectos de la luz. Los olivos de la amada Pobla de Segur -localidad que descubrirá en 1926 ya la que siempre será fielmente, los interiores de los establos y las naturalezas muertas configuran el dominio que tiene por la construcción del cuadro y su manera tan particular de construir, no con líneas, sino con el propio color.

2º ámbito: La arquitectura del color se adentra en el interés cada vez más creciente por el color que caracteriza a Villà tras la guerra y su estancia en Argentina. El pintor abandona la gradación clarobscurista en favor de los colores, vivos y armoniosos, estructurados en planes. Como un incendio cromático, en palabras del crítico Eugeni d’Ors, entramos en las cocinas de Villà que tantos aplausos merecerán de él. La construcción cromática estructura la tela. Ibiza -como Altea después- donde suele pasar largas temporadas regala color. La reducción geométrica de las formas, así como la potencia y vibración cromática, acabarán por convertirse Villà en un pintor arquitecto altamente valorado por la crítica y por un coleccionismo fiel.

3º ámbito: El Masnou y la Pobla de Segur, en medio de la Arcadia quiere ser un homenaje a dos localidades en las que Miquel Villà siempre se sentirá especial unido. Por un lado el Masnou, donde tiene sus raíces familiares y donde vuelve cada vez que finaliza uno de sus habituales viajes a América del Sudrica. Por otro, la Pobla de Segur, descubierta de la mano del pintor y amigo Enric Porta ya la que siempre permanecerá fiel, desde 1934. El Masnou es el azul del mar y las pitas, la geometría de sus calles y los plátanos de la plaza de Ocata; La Pobla de Segur son los conglomerados rojizos, los plateados de los olivos y la materia que no quiere ni cielos ni horizontes.

4º ámbito: Forma y materia. Horas y horas detrabajo lento en favor del color y la materia cierran el recorrido expositivo. La última de las obras, La iglesia del Masnou resume la búsqueda de síntesis de sus últimos años. «Que al observar el cuadro, el ojo del espectador se inunde de amarillo y que este amarillo sea suficiente y sea el Todo», esta es la persistente búsqueda de uno de los pintores más independientes y valorados por la crítica del momento. Forma y materia de un pintor que soñaba en no dar nunca por terminada una tela y al que le hubiera gustado poder trabajar en un solo cuadro durante toda su vida.

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